Día 4.

Me he despertado a las 7,15. He dormido superbien. Estaba muy descansada. Me he levantado contenta y no me he insultado. Me he mirado de reojo al espejo. Sin profundizar. De refilón. Todavía no estoy preparada para verme. Noto el peso de la tripa sobre mis piernas.

Me miro al espejo de cuerpo entero.

Al andar me siento más ligera, las piernas funcionan mejor pero al cabo del rato me empieza a salir cola de gato. Aprieto abdominales y avanzo mejor.

Me gusta lo que veo. Colores brillantes, intensos. Me gusta estar aquí sin tener que salir corriendo.

Me noto más paciente. Hay muchas cosas que no me gustan pero me siento más tolerante. No intervengo en lo que no es mio. Me gusta mirar por la ventana y ver el huerto.

Respiro y camino mientras me pido confianza. Confianza en que vendrá lo que tenga que venir. Y vienen. Las cosas vienen. Van llegando.

Necesito un masaje. Para soltar la espalda. Disfruto de la respiración. Me gusta en lo que me estoy convirtiendo. Me da igual que no me vean en la totalidad. Estoy bien aquí, de incognito. Sin que nadie me pregunte qué hago. Quién soy en realidaad, a qué me dedico. Bueno, aquí estoy, paseando entre frutales.

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