Día 5.

Me he levantado cansada. He dormido regular. Creo. Me he levantado y mirado al esspejo. No me veo. Ahora me veo. Pero no me miro a la cara. Ayer una señora le dijo a mi madre: “Qué guapa tu hija. Qué guapa tú hija.” Qué sensación tan extraña. Me sentía bien y mal. Le dije gracias a pesar de que no me  lo decía a mi…

Me escapo. No tengo ganas de escribir. Me duele la espalda.

Ayer conseguí darme crema por la tripa y las tetas.

Me senté frente al espejo a observar. Poco a poco voy acercándome a mí. Todavía sin mucho amor pero al menos me acerco.

Poco a poco.

Poco a poco.

Sigo paciente.

Creo.

Me veo.

Me siento más paciente y tolerante.  Quiero ir a la peluquería, darme un buen cambio. No quiero adelantarme. No quiero correr. Quiero ir paso a paso.

Hoy.

Hoy.

Hoy.

Aquí y ahora.

Aquí ahora.

Todavía tengo mucha tensión interna. Aprieto mucho. Y quiero soltar.

Como Luna.

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Me encanta verla caminar. Todos los huesos sueltos. Baila el lomo. Apoya ligera lass patas.

Me gustaría ser perra.

Devenir perra. La perra diva. La Diva perra. La que se pasea como si fuese por un catwalk. Sintiéndose observada. Sin problema. Quiero ser esa. Que brote de mí brillo y belleza. Que sea belleza antigua, de la que se contagia.

 

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