Día 13.

Nada que decir.

Nada que decir.

Nada que decir.

Nada.

Nada.

Nada.

Nada.

Nada.

Nada.

Empiezo a reconocerme en el espejo.

Empiezo a aceptar mi cuerpo.

A veces me pillo pensando que cuando esté delgada todo pasará.

Cada vez veo más todo el camino recorrido y cómo he quitado capas a la cebolla para poder hacer. Para ser yo. Contenta conmigo.

No wonder por qué he sido así todo el tiempo.

Todo lo que he aprendido sobre relaciones ¡estaba mal!

  • Cosas que hay que hacer porque sí.
  • Porque se hace así.
  • Cosas que te callas porque es tu familia.
  • Callarte y no pedir lo que te corresponde.
  • Sentirte menos todo el tiempo…

Todo eso me suena ahora lejano. ¡cuanto he trabajado! Y qué bien estoy!

Estoy realmente bien. Estoy muy contenta de estar aquí.

De hacer lo que estoy haciendo. Contenta de poner límites. ¡qué doloroso es! Pero compensa.

Compensa y mucho.

¡me escapo!

Ahora, con estas raíces bien puestas me resulta más fácil avanzar en la vida.

Libre y arraigada.

Soy de muchos sitios. Este es uno de ellos. Voy haciendo ajustes. Poco a poco. Me gusta estar aquí

¿que pasa?

Me gusto.

Disfruto del paisaje y de ver cosas de cuendo era pequeña.

 

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